La empatía nos ayuda a detectar y entender las necesidades de los demás y ayudarles en lo que necesitan. Pero ¿qué pasa cuando mezclamos empatía con falta de asertividad propia (no saber poner nuestros límites) o cuando vamos más allá y nos contagiamos de las emociones de nuestro entorno?
¿Cuántas veces te has dicho seré feliz cuando consiga…cuando tenga…?
Cuando tenga 18 años, cuando conduzca o tenga coche, cuando trabaje, cuando tenga casa, cuando tenga pareja, cuando tenga una casa mejor, cuando tenga hijos...
La función de la tristeza es el ahorro de energía y favorecer que las personas de nuestro entorno se den cuenta que estamos mal para podernos ayudar.
Es importante buscar qué actividades nos gustan o estimulan y qué objetivos queremos conseguir. A través de una planificación y sistema de refuerzos nos fijamos a dónde queremos llegar y nos vamos reforzando en los pasos que nos acerquen a esos objetivos.
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