Escucha cómo te hablas durante un día o semana antes de seguir con este artículo. ¿Eres comprensivo contigo? ¿Muy exigente? ¿Te gusta cómo te hablas? ¿Te hablan otras personas así también?. Es muy frecuente que veamos que a veces somos nuestro peor enemigo. En ocasiones somos la persona menos comprensiva, cariñosa y respetuosa con nosotros mismos. ¿Es posible tener buenas emociones y sentirse bien si nos estamos hablando mal constantemente?. La respuesta es NO. Si te hablas bien, enhorabuena, es un muy buen comienzo para ir solucionando otras preocupaciones. No obstante, si tú no te hablas bien, no te respetas, no tienes en cuenta tus opiniones, tu valía, ¿cómo la van a tener en cuenta otros?
¿Cómo hablas tú a los demás? ¿Cómo hablarías a un niño que tenga tus mismas emociones? La mayoría de las personas a las que se lo he preguntado tratan mucho mejor a los demás que a sí mismos. Este ejercicio nos ayuda a saber si tenemos la capacidad de comprender a otros y de calmarlos, de acompañarlos. Si en tu caso te acercarías a calmar a un niño pequeño que está asustado o llorando para ayudarle desde el cariño, pero no lo haces contigo, te animo a que escuches a tu niño interior e intentes calmarlo como lo harías con otras personas. Qué sano es que nosotros seamos los que aprendamos a escucharnos, entendernos y darnos el cariño que merecemos.
Si fuera el caso que las emociones de los demás también te superan y no sabes qué hacer con ellas, espero que a través de los distintos artículos vayas aprendiendo que las emociones no son el enemigo, sino nuestras aliadas. Nos enseñan cuando algo no va bien, son como las luces del panel de un coche. Entendiendo nuestras emociones podemos saber qué hay que arreglar. Puede que en tu caso te ayude hablar con un psicólogo si sientes que no avanzas. Recuerda que cada uno somos únicos y nuestra historia lo es también.
