A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a situaciones de distinta gravedad.
Pero ¿de qué depende que una situación sea traumática o no? No solo va a depender de la gravedad, sino de otros factores como los que se incluyen la interpretación de esa situación y los recursos de los que disponemos para afrontarla.
Un trauma puede ser derivado de una situación de alta intensidad donde se haya puesto en riesgo nuestra vida o la de un conocido, como un fallecimiento, catástrofe, accidente de tráfico u otros, abusos…o incluso se puede generar de una experiencia que hemos “vivido” a través de otras personas, que nos la hayan contado o incluso a través de las noticias.
Sin embargo, otras situaciones que podrían no parecer tan graves pueden provocar auténticos recuerdos traumáticos que afectan a la historia de vida de una persona, un profesor o compañero de colegio por el que nos sentimos humillados o en ridículo, una ruptura de pareja…
Cualquier punto en nuestras vidas que recordemos y a día de hoy nos provoque malestar es un posible punto de partida de trabajo. Nuestro cerebro no llegó a comprender y asimilar ese suceso. Hay varias técnicas, desde distintas orientaciones psicológicas, que nos van a ayudar a “reprocesar” y comprender en el presente lo que pasó ayudándonos a tener un recuerdo con emociones más “adaptativas”, es decir, que no nos provoque daño en la actualidad. Algunas de estas técnicas proceden desde EMDR o terapia centrada en la compasión, que nos permiten ser capaces de hablar de ello desde una mirada más comprensiva a lo que pasó y hacia nosotros mismos, sobre todo en aquellos casos en los que la culpa nos devora.
